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Conoce sobre la insuficiencia venosa crónica (IVC)

En el marco de la sesión Insuficiencia venosa en miembros inferiores en el Hospital San José de Querétaro, el especialista en Angiología, José Manuel González Yáñez, explicó que cerca del 67.8% de los mexicanos están propensos a sufrir este padecimiento.

A la insuficiencia venosa en miembros inferiores, también se le conoce como “várices”, y se presentan mayormente en mujeres, pero los hombres no están exentos de padecerlas.

La insuficiencia venosa crónica (IVC), es una condición patológica del sistema venoso que se caracteriza por la incapacidad funcional adecuada del retorno sanguíneo provocado por anormalidades de la pared venosa y valvular, que lleva a una obstrucción o reflujo sanguíneo en las venas. En resumen las IVC son los cambios producidos en las extremidades inferiores como resultado de la hipertensión venosa sostenida o prolongada.

La hipertensión venosa sostenida se puede observar en forma de varículas, que son pequeñas venas que se distinguen en la piel o sobresalen menos de 1 mm de ella; en el caso de las venas reticulares, las telangectacias (confluencia de varículas), edema, pigmentación o daños visibles en la piel como engrosamiento, várices (venas que sobresalen de la piel, más de 4 mm), úlceras y lipodermatoesclerosis.

Está enfermedad solamente se presenta en humanos y tiene mucho que ver con su evolución y posición para caminar, por lo que realmente existe desde los orígenes del hombre. Los primeros tratamientos se dieron en 1905, cuando se aplicaban con tratamientos de safenoextracción, mientras que en 1906 fleboextracción, las cuales se hacían en México desde 1908 y finalmente la safenectomía interna, procedimiento aún utilizado.

González Yáñez señaló que la hipertensión venosa que causa la insuficiencia venosa crónica es provocada por las fallas de las válvulas venosas, lo que causa que varias veces no retorne la sangre al corazón de manera debida, povocando un reflujo sanguíneo, y esto causa la destrucción valvular (que produce las varículas o várices) por el consiguiente reflujo.

En el caso de las mujeres, es común que este padecimiento comience desde el inicio de la menstruación, por lo que si tiene antecedentes se debe hacer un adecuado seguimiento en caso de mostrar sintomatología. Por otro lado, en los hombres, este padecimiento se le relaciona con ejercicios fuertes o con la obesidad.

Según estudios, el principal factor de este padecimiento es la herencia, ya que existe una debilidad innata de la pared venosa provocando que desde el nacimiento fallen las válvulas. Sin embargo, también existen factores ambientales que pueden producirlas, debido a los riesgos que se deben controlar para evitarlas, por ejemplo, la edad, ocupación, la obesidad, el sedentarismo o si existen antecedentes de trombosis venosa.

Existen 4 clasificaciones principales de las IVC:

  • Patológica
  • Clínica
  • Anatómica
  • Etiológica

Los principales síntomas son: dolor, hinchazón, sensación de pesadez y ardor o quemazón. En algunos casos, un disconfor estético, especialmente cuando ya son evidentes las varículas, telangectacias o várices.

Para poder identificar este padecimiento se realiza un ultrasonido, esto permite descubrir con mayor precisión el punto donde se da la mayor hipertensión venosa o donde están los patrones de reflujo venoso. El doctor José Manuel González  dijo que la eficacia del tratamiento depende en gran manera de la correcta identificación del punto de fuga y de reentrada.

Existen varios tratamientos para este padecimiento, por un lado el tratamiento sintomático tiene el objetivo de eliminar las molestias posibles a través de medicamentos, cremas o vendajes; el curativo busca mejorar la salida venosa a través de dos técnicas, clausurar las venas al lastimarles el endotelio a fin de que cicatricen o resecar la vena, lo que significa quitarla.

En la farmacología existente para eliminar la sintomatología se cuentan los flavonoides como la aspiridina, las saponinas o los medicamentos sintéticos como el diobesilato de calcio, uno de los más efectivos.

El tratamiento sintomático, es el más recomendado para la terapia de compresión y ayuda a mejorar la circulación venosa, el edema y la presión venosa ambulatoria; este por medio del uso de medias de presión adecuada:

  • Grado 2 de 21 a 29 mmHg o grado 3 de 30 a 40 mmHg para casos más avanzados
  • De 8 a 15 mmHg de manera profiláctica para personas con antecedentes
  • Grado 1, es decir de 15 a 20 mmHg para las primeras apariciones del padecimiento

Otros tratamientos sintomáticos son los polainas, vendajes elásticos y las botas de compresión neumática.

Por otro lado, algunos tratamientos curativos son la termocoagulación, pero que puede provocar quemaduras en las venas y la zona que se trata, o el uso del láser transdérmico, que ha mostrado un éxito de hasta el 97% y con menores complicaciones, aunque el dolor puede ser mucho durante la terapia.

Otros son por la oclusión, radiofrecuencia, la cirugía endoscópica, la ablación por valor de agua  y la safenoexceresis, que es la más usada para venas mayores a 6 mm o trombosadas. Asimismo, los endopegamentos, la crosectomía  y el Clarivein.

Finalmente explicó que este padecimiento muchas veces, si bien no pasa inadvertido, no se le toma la importancia debida, pero que sus consecuencias pueden ser severas, ya que pueden derivar en:

  • Trombosis venosas superficiales o profundas
  • Úlceras Flebostáticas (75 por ciento del total de las úlceras de las piernas)
  • Varicorragia

Donde especialmente las dos últimas pueden derivar en un fallecimiento.

 

Fuente: Enseñanza 

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